El valor de lo hecho despacio

Haz una falda en 20 minutos”, “Un vestido rápido a partir de un pañuelo, sin patrones”, “Haz una camiseta sin coser”, son cosas que nos encontramos todos los días. Tanto las he visto, que caído en una de ellas: hacerme una falda en 10 minutos. Y no podía estar más arrepentida.
A mí me han enseñado a coser despacio, cuidando los detalles y haciendo las cosas bien. Paso a paso, haciendo y deshaciendo si hace falta para conseguir un resultado profesional y de 10, conseguir una prenda perfecta. Pero este proceso lleva tiempo, tanto para cosas difíciles como fáciles. Por eso me encontré pensando, “¿vale la pena emplear en una falda más de 6 horas? Esta señora la hace en 10 minutos y le queda bien.”.
Así que decidí hacerme una falda sencilla ahorrando todo el tiempo posible. Y me estoy arrepintiendo mucho.
Os voy a decir una cosa: vale la pena invertir esas 6 horas, o 4, o las que sean. Vale la pena hacer las cosas despacio, bien y con cariño. Sin prisas, asegurando todos los pasos, por tediosos que sean (ay, ¡esos puntos flojos!), pensando bien las cosas antes de cortar y haciendo todas las marcas que hagan falta y probando todas las veces que hagan falta.
La falda que quería hacerme es una falda cogida a la cintura, fruncida, por lo que no necesita pinzas ni tamaños ajustados. Se cierra con una cremallera y está hecha en tres piezas: falda de delante, falda de detrás y la cintura. Parece algo muy fácil y que se puede hacer a ojo, pero he descubierto que no. Quizás con algo más de experiencia sí, pero me está dando muchos problemas:

Valor hecho a mano
Esa cremallera tengo que volver a ponerla.
Por cortar la tela justa para saltarme hacerle marcas de por dónde hacerle el fruncido y ponerle la cintura, dejé el espacio muy justo, y a la hora de fruncir se me rizó de más, fue imposible coserle bien la cintura encima. Además, me sobró un cacho de falda que no conseguí poner en la cintura y que tendré que cortar. Aguanta y da el pego, pero a mí me enseñaron a hacer las cosas perfectas. Y yo quería una falda perfecta.
Por cortar la cintura a ojo no dejé suficientes márgenes de costura, y para poder ocultar el borde de la parte de dentro tuve que hacerle un dobladillo con el que no contaba y ahora me queda más delgada de lo que quería. Da el pego, pero no queda perfecto, y a mí me enseñaron a hacer las cosas perfectas. Y yo quería una falda perfecta.
Por no encender la plancha, no fui planchando las costuras cuando tocaba, y a ver cómo me las apaño para que quede bien cuando me decida a planchar. Ya solo faltaría que la quemase. Desde luego, no va a quedar perfecto.

Valor hecho a mano

La conclusión que he sacado de todo esto, es que vale mucho hacer las cosas bien desde el principio. Las prisas no ayudan, y hacer algo rápido no tiene mérito si no queda perfecto (y no va a quedar). Las cosas bien hechas necesitan su tiempo y su mimo.
Me gusta crear amigurumi, tejer a ganchillo o coser para crear cosas perfectas. Me gusta demorarme en los detalles, darle mil vueltas a una pieza o hacer y deshacer para lograr el mejor resultado. El toque profesional y serio que yo me exijo a mí misma, y que la gente que quiera adoptar un amigurumi debería exigirme no se consigue con prisas. Y acabo de comprobarlo empíricamente.
Nunca más estaré pasando puntos o poniendo hilvanes y marcas pensando “¿y esto me lo puedo saltar?”. No, no me lo puedo saltar.

Esto es aplicable a todas las cosas de la vida: costura, ganchillo, cocina, amigos, blogs, lectura... Vale la pena dedicar tiempo y detalle a las cosas que son importantes. Vivimos en un mundo que parece que nos obliga a ir con prisa: a cruzar corriendo la calle para no esperar a otro semáforo en verde, a optimizar el tiempo para leer cuántos más blogs mejor en el menor tiempo posible, a trabajar rápido y programar muchas entradas de blog, quizás sin tener tiempo a pararnos a releerlas o a corregir el texto. Sin embargo, no tiene por qué ser así. Probad a pararos en una calle concurrida en vuestras ciudades y dedicaos a observar a la gente un rato: ellos llevan un ritmo diferente, y todo el mundo camina y corre, a veces sin razón. Disfrutemos de las cosas lentas, de trabajar en los detalles y sobre todo, de disfrutar el proceso.
Las horas que le dedicado a esta falda (los 10 minutos que prometía el tutorial no me llegaron ni para doblar la tela) no los he disfrutado, agobiada en las prisas y en el reloj que corría. Hice que fuesen horas de prisas y de chapuzas, en vez de ser horas de disfrutar y de aprender.

Valor hecho a mano

También me vale como reflexión a la hora de pedir un trabajo bien hecho: quien lo hace necesita sus horas, sus conocimientos y su experiencia. Dándole horas y detallismo a un trabajo salen trabajos perfectos o casi perfectos y duraderos. No chapuzas y cosas que simplemente dan el pego. Por eso nos gusta la artesanía y le damos más valor que lo producido en cadena o por máquinas.
Dedicadle tiempo a lo que os gusta.
Dadle tiempo a los artesanos si encargáis algo.
No os arrepentiréis.

¿Os suena esta tela, verdad?

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